martes, 22 de enero de 2008

¿Turismo en las Feroe? Aviso a navegantes


Decía un islandés en su blog que las Islas Feroe siguen conservando lo que Islandia comenzó a perder hace unas pocas décadas: una sociedad tradicional, casi rural, apegada a sus costumbres y aún lejos de la plaga del turismo en el sentido más peyorativo del término y de las hordas de estudiantes "Orgasmus". En una época en que la globalización va erosionando lentamente las diferencias culturales y tiende a la expansión salvaje de una sociedad consumista, hay que considerar un lujo que todavía existan lugares en el mundo donde puedan encontrarse paisajes impolutos, lenguas exóticas y una sociedad con un notable sentido de identidad. Es por ello que, desde el humilde punto de vista de quien esto escribe, las Islas Feroe no deberían convertirse jamás en un destino turístico al uso, sino en un lugar de peregrinación para auténticos viajeros que, lejos de usar un país como mero lugar de consumo u ocio banal, deseen reecontrarse con la naturaleza, alejarse aunque sea por un breve tiempo de la sociedad de la telebasura, el reino de la cantidad en vez del de la calidad y la cultura del viaje entendida como mera evasión de quita y pón en la que se pretende imponer la estulticia propia del turista en lugar de dejarse permear por la riqueza que aporta una cultura que, pese a todo, sabe combinar tradición e innovación y en la que el espíritu del paisaje es el mayor, y casi único, monumento que se puede visitar. Por ello, más que hablar de turismo en las Feroe, lo óptimo sería hablar de una cultura del viaje a través del cual, tras una estancia de determinado tiempo en aquel archipiélago atlántico, se regrese al lugar de origen con la enriquecedora sensación de haber realizado un viaje interior y no uno meramente geográfico. Esperamos, pues, que este blog no sirva en absoluto para fomentar el turismo a las Islas Feroe, sino para abrir una ventana hacia la realidad de una cultura que aún puede enriquecer a quienes buscan estimulantes experiencias antropológicas y, por lo tanto, caminar un poco más hacia el conocimiento de uno mismo a través del contraste que ofrece lo diferente.